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La crisis de confianza en el Congreso
Los porcentajes de popularidad del Congreso son un claro ejemplo de la desconfianza de la población hacia ellos.

Nicole Zavala Prado

10 Abr 24
Hola

El Poder Legislativo es la instancia estatal encargada de canalizar las principales necesidades de la población a través de la deliberación y aprobación de normativas. (Foto: Agencia Andina)

El Congreso es el poder del Estado encargado de canalizar las principales demandas ciudadanas para darles solución a través de la aprobación y discusión de leyes, ya que es para esto que sus electores los escogen para representarlos y esto es claro gracias a las diversas bancadas de distintas posiciones ideológicas presentes en el pleno.

Aun cuando esto se tiene claro, algunos congresistas ignoran sus labores para realizar otras actividades de índole personal en momentos en los que se desarrollan actividades oficiales o se requiere del ejercicio de su cargo. Se debe dejar constancia que los propios legisladores también tienen una vida más allá de su trabajo, cosa que no debería ser criticable; sin embargo, cuando este se ejerce de manera deficiente, las críticas recibidas pueden llegar a ser indefendibles.

Los continuos casos de congresistas que aprovechan viajes oficiales para realizar turismo junto a familiares o amigos, o de aquellos que piden licencia o legislan de manera virtual mientras se encuentran en otros países o de vacaciones solo generan más desconfianza en la población que, aunque es cierto que siempre tendrá la oportunidad de “castigarlos” en la próxima elección, igualmente ve como se degrada su imagen y, por ende, su representatividad en sí misma.

Cada vez, más personas se sienten decepcionadas y desconectadas de aquellos a los que le dieron su voto, situación que se refleja, en parte, en las encuestas que rondan el 80% a 90% de desaprobación para este poder del Estado que, como se resaltó previamente, debería tener un alto grado de representación y canalización de las demandas ciudadanas.

Esta desaprobación se traduce en el escepticismo y rechazo de cada acción que realicen o promuevan los congresistas, más allá de lo beneficiosas que puedan llegar a ser, pues la desconfianza ha llegado a un punto alto del que es muy complicado regresar, peor aún con la baja popularidad que se arrastra desde hace muchos años.

De esta manera, el descontento general es un problema latente que puede explotar en cualquier momento y manifestarse en forma de protestas o el mismo desinterés por la política que, finalmente, es a través de lo cual se pueden lograr cambios y plasmar el pensamiento, ideas, necesidades y soluciones que la población necesita por encima de otros temas que, a veces, parecen ser más importantes para los legisladores.

Un congresista no tiene por qué dejar de lado su vida privada; sin embargo, debe entender que tiene un especial deber para con la población, que espera un trabajo transparente y comprometido, dejando de lado aquellas malas costumbres o acciones que no dejan de repetirse y, probablemente, no pararán hasta que el descontento ciudadano no se exprese de maneras graves y que puedan causar un daño adicional al desarrollo normal del país, como ya hemos visto en otros momentos en los que la población se ha cansado del Congreso.

La desconfianza y decepción de la población puede verse reflejada en las próximas elecciones generales. (Foto: Agencia Andina)

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