Durante septiembre y octubre de 2025, cientos de adolescentes y jóvenes fueron parte de una iniciativa que buscó empoderarlos y formarlos como agentes de cambio a través de una metodología que combina educación, creatividad y acción concreta para enfrentar los desafíos socioambientales de sus entornos.
En un contexto de creciente preocupación por la crisis climática, es importante que los movimientos juveniles se vean como protagonistas del cambio, especialmente en América Latina. Bajo el paraguas metodológico de Solidaritas Perú, se desarrollaron una serie de Festivales Juveniles por la Sostenibilidad, eventos dinámicos que logran movilizar a cientos de jóvenes, transformando la conciencia ambiental en ideas tangibles. La esencia de esta iniciativa radica en su metodología activa y experiencial, estructurada en cuatro fases clave que guían a los participantes en un viaje de aprendizaje y acción.
El proceso comienza con una fase de Formación a través de «Estaciones de Aprendizaje». Los jóvenes rotan por espacios temáticos donde, en sesiones ágiles de 20 minutos, internalizan conceptos cruciales como economía circular, huella de carbono, conservación de ecosistemas u otra de acuerdo a las problemáticas locales. A continuación, la fase de Activación fija el conocimiento mediante juegos y dinámicas de competencia saludable, donde los equipos demuestran lo aprendido, fomentando la integración y convirtiendo el aprendizaje en una experiencia divertida y memorable.
La innovación continua en el Ideatón. Usando diversas dinámicas, los jóvenes identifican un problema local y, guiados por la creatividad, desarrollan una propuesta de solución. El proceso culmina con la creación de un «pitch» o discurso de 3 minutos, donde exponen su idea con claridad. La actividad finaliza con la Declaración, donde cada equipo redacta un compromiso concreto en relación a problemáticas locales y lo plasma en un mural colectivo.
La adaptabilidad de la metodología ha permitido su implementación exitosa en diversos contextos, abordando problemáticas específicas de cada territorio. En Jacaltenango, Guatemala, de la mano de Yax Transforma, el festival se centró en la economía circular como respuesta a la acumulación de residuos plásticos. En Chancay (Perú), se trabajó en la protección de sus ecosistemas marinos y terrestres. En Huancayo (Perú), los estudiantes se enfocaron en el consumo responsable, mientras que en Porongo (Bolivia), el festival tomó la forma de una «Restitución de Bosque», donde los participantes no solo aprendieron sobre acuíferos y plantas nativas, sino que colocaron cientos de plantas, traduciendo el conocimiento en acción directa de reforestación.
Además, se realizaron actividades similares en Chanchamayo (Perú), donde se siguió una estructura muy similar a la propuesta por Solidaritas Perú; así como en Chile con Kawansh Bosque Escuela, logrando recolectar una considerable cantidad de residuos sólidos. En Colombia, Ecovida desarrolló la “Gran Siembra – Conéctate con el Planeta” que reunió a voluntarios de diversas empresas locales para colocar árboles en Dapa; mientras que Brasil vio como la ONG OCAS, en alianza con actores locales, logró capacitar a jóvenes, recolectar residuos sólidos y colocar plantas.
La actividad central fue desarrollada por Solidaritas Perú en el Colegio Nuestro Salvador, ubicado en Villa María del Triunfo (Lima), donde se contó con la participación de estudiantes de la institución que cumplieron con las fases de formación, activación, Ideatón y declaración, con la guía de los voluntarios del Programa Liderazgo Sostenible, quienes recibieron una formación previa en temas relacionados a la sostenibilidad durante los meses previos como preparación para su etapa práctica.
En total, estas actividades han impactado directamente a más de 700 jóvenes en la región, generando una veintena de propuestas de proyectos, recolectando importantes volúmenes de residuos y sembrando más de 900 árboles y plantas. Estas cifras demuestran que la educación ambiental, cuando es práctica y comunitaria, puede generar un cambio medible.
El verdadero éxito, sin embargo, va más allá de estas estadísticas, pues busca identificar y promover liderazgos locales que aseguren la sostenibilidad y replicabilidad de proyectos e iniciativas de esta índole. Estas actividades son, en definitiva, un semillero de agentes de cambio, demostrando que, cuando se brinda las herramientas adecuadas, los jóvenes no son solo el futuro, sino actores fundamentales en la construcción de un presente más sostenible y resiliente para América Latina.






