Con mucho entusiasmo postulé al Voluntariado en Liderazgo Sostenible de Solidaritas Perú, tras haber visto la convocatoria en redes sociales. Durante la etapa formativa, comprendí que la sostenibilidad no es un concepto abstracto, sino la integración necesaria de las dimensiones económica, social y ambiental para construir comunidades resilientes. Temas como la economía circular y los ODS dejaron de ser teoría para convertirse en herramientas clave que pronto tendría que poner en práctica.
El verdadero reto llegó con la segunda fase: la organización del Festival Juvenil por la Sostenibilidad. Junto a mi compañera Nicole, asumimos la misión de llevar este evento a la sede de Huancayo, trabajando de la mano con 35 estudiantes del Colegio Santa Bárbara. Nuestro propósito era claro: empoderar a estos jóvenes para que se reconozcan como agentes de cambio frente a los desafíos de su entorno.
El festival se estructuró en cuatro momentos estratégicos: formación, activación, ideatón y declaración, con la economía circular (ODS 12) como eje central. Iniciamos con una capacitación práctica donde exploramos soluciones tangibles como los ecoladrillos, demostrando cómo la reutilización de residuos es una respuesta efectiva a la contaminación plástica.
Sin embargo, la magia ocurrió durante el ideatón. Bajo la dinámica «50 usos de una bolsa plástica», los estudiantes demostraron creatividad. Organizados en equipos, propusieron desde cometas y bolsos tejidos hasta accesorios y trajes de pasarela. Al finalizar, cada grupo presentó un pitch explicando el problema, su solución y la proyección a futuro, demostrando un nivel de compromiso admirable.
Fue inspirador ver cómo, desde temprana edad, estos adolescentes entienden la importancia de dar una segunda vida a los recursos. Además, fue gratificante descubrir que la institución ya impulsa proyectos de reciclaje, lo que abre la puerta para seguir acompañándolos con nuevas ideas. Destaco también la excelente disposición de la directora y los docentes, quienes están convencidos de que el esfuerzo colaborativo es la única vía para mejorar la segregación de residuos en su colegio.
El cierre de la jornada fue simbólico: en la fase de declaración, los estudiantes firmaron compromisos ambientales colectivos. La participación activa y el trabajo en equipo reafirmaron que la educación ambiental es una herramienta poderosa para detonar el cambio.
Al concluir, experimenté una profunda satisfacción. Ver a los jóvenes asumir su rol en la protección del planeta me confirmó que el liderazgo sostenible inspira acciones reales. Esta experiencia ha fortalecido mis competencias y me ha enseñado que, definitivamente, la sostenibilidad inicia con pequeños pasos que generan un gran impacto.






